
El ágata tiene el poder de armonizar el yin y el yang, las fuerzas positivas y negativas, que mantienen al universo en su lugar. Es una piedra calmante y aliviante, aportando equilibrio físico, emocional e intelectual.
Entre sus principales propiedades espirituales y emocionales tenemos:
- Facilita delicadamente la aceptación de uno mismo, fomentado la autoconfianza.
- Favorece el autoanálisis y la percepción de las circunstancias ocultas, trayendo a tu atención cualquier alteración que interfiera en tu bienestar.
- Mejoran la concentración.
- Contribuye a supera la negatividad y la amargura del corazón.
- Sana la ira interna fomentando el amor y el coraje para volver a empezar.
- Resulta útil para cualquier tipo de trauma emocional.
- Crea una sensación de seguridad disolviendo la tensión interna.
- Eleva la conciencia y vincula con la conciencia colectiva y la conciencia de la unidad de la vida.
- Conduce al crecimiento espiritual y a la estabilidad interna.
A nivel físico puede ayudarte en estos aspectos:
- Fortalece los vasos sanguíneos, y sana los desórdenes de la piel.
- Sana el sistema nervioso y dolencias tales como la neuralgia.
- Trata los desórdenes del esqueleto y alinea el esqueleto con la propia realidad física.
- Situada sobre el lugar de la lesión o el dolor, ofrece alivio.
- Es útil para sanar plantas y la tierra misma.
